Hace mas de medio siglo, a 150 km hacia el sur del estado de Chihuahua, México, una adolecente encontró dos esqueletos. El primero de apariencia y estatura normal. El segundo, pequeño y misteriosamente deformado.
Esta joven guardó los cráneos durante toda su vida y, cuando murió, estos fueron entregados a un matrimonio estadounidense, para luego ser comprados por los investigadores paranormales Lloyd Pye y Mark Bean, quienes en investigaciones posteriores, junto con la colaboración de empresas especializadas en genética (como Trace Genetics CA USA, Instituto Royal Holloway de Londrés, además del...
